Cómo transitar el camino que ofrece Renacer

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Autor: Alicia Schneider Berti – Gustavo Berti

          Nuestro grupo, al principio se llamó de autoayuda, pero, prontamente, nos dimos cuenta que no era de autoayuda, que puede conseguirse con un libro, sino que es un grupo de Ayuda Mutua, la que no se concibe sin la presencia del otro.

            Quizás haya una pregunta que puede haber estado gestándose en ustedes: ¿cómo hago para transitar el camino que Renacer me ofrece?

           Pues bien, el camino que ofrece Renacer tiene ojos, voz y rostro: es el hermano que sufre y está frente a nosotros, pues si todo mi dolor sirve para que un hermano sufra menos, entonces, nuestro dolor habrá valido la pena de ser vivido.

           Como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

            Debemos, entonces, revalorizar al otro, cuidar al otro, porque en el otro está el amor que yo estoy brindando por mi hijo, que a su vez, el otro tomará, lo que llamamos un préstamo para devolverlo, dándolo a quien lo esté  necesitando, no a nosotros, y así se forma una cadena o un círculo de amor perfecto

            La pregunta que aparece ahora es ¿cómo, si el que sufre soy yo, puedo  desapegarme de mi sufrimiento? ¿Cómo puedo trascender mi yo psicológico? Ciertamente que esto es imposible en la medida en que el ser sufriente permanezca aislado, experimentando el sufrimiento como existente en él mismo, únicamente en él.

            Solamente si podemos ver  al sufrimiento como un fenómeno propio de ser humanos y dejamos vibrar el corazón en resonancia con otro corazón sufriente, sólo, como decía Unamuno, si “Al oír un grito de dolor a mi hermano, mi propio dolor se despierta y grita en el fondo de mi conciencia”, es decir, merced a uno de los fenómenos humanos por excelencia: el servicio por el amor y a través de él la Ayuda Mutua. 

           Para llevar a cabo esta tarea se debe comenzar por aprender una manera de comunicación que parta desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro y aprender en ese proceso, a ver al otro como aquel para quién yo soy el otro.

           Y lo mejor de cada uno, es el amor que aún tenemos, por nuestros hijos, por la vida, por Dios o por uno mismo, puesto que si los corazones estuviesen secos, sin nada de amor, nadie estaría en grupo alguno.

           Debemos darnos cuenta que no puede existir grupo de Ayuda Mutua alguno sin la presencia del hermano que sufre, ¿qué clase de grupo sería si yo fuese el único integrante?

           Es entonces, a través de ese amor por el hermano que sufre y que está frente a mí, que podemos darnos cuenta que, en homenaje a nuestros hijos, hemos comenzado a reemplazar el dolor y la desesperación por amor.

            Según Elizabeth Lukas “toda persona, aunque psíquicamente sea sumamente acorralada, podrá salvar su alma por la entrega de un poco de amor” ´

           El amor es humilde, es desapego y es autorrenuncia, y estas tres características humanas han estado eventualmente ocultas, o aún ausentes en la existencia de muchos de los integrantes de los grupos, y las tres son fenómenos que reflejan la autotrascendencia humana.

           El amor por nuestros hijos debe ser el que, lentamente, vaya ganando terreno al dolor, por eso hablamos de que el dolor va cediendo, pero será en la medida en que, como siempre decimos, debemos ejercer la autorrenuncia, cuando entramos a un grupo como Renacer que nos muestra ese camino.

           El grupo se debe, por encima de todas las cosas, a los padres nuevos y a los que más sufren. Para hacerlo propone una tarea basada en la autotrascendencia, el sacrificio y la autorrenuncia.

           ¿Por qué la autorrenuncia?

           Significa un gran desafío, renunciar a muchas cosas, pero, por sobre todo, significa renunciar a mis emociones que son encontradas, violentas, opuestas, renuncio al dolor desesperado.

           Para que haya un acto de renuncia, sólo puede renunciarse a algo por algo más elevado, algo que de por sí, dé un sentido a esa renuncia y esto es el amor por los hijos, por los hijos que no están, por los hijos que están que nos reclaman, por la vida y por nosotros mismos. 

           Pero esta demanda que recae sobre nuestros hombros no queda sin recompensa, puesto que mientras más renunciamos a nosotros, mientras más nos olvidamos de nosotros y nuestras emociones, más cerca estamos de nuestra esencia, de aquello que verdaderamente somos: Seres Humanos; hemos así recorrido el camino ético que Renacer propone, el camino que nos lleva a nosotros, a vivir moral y éticamente.     

              No voy a ir al grupo a sentarme a llorar por lo mal que me siento, voy al grupo a buscar de qué manera puedo ayudar a ese papá que está frente mío, a quien yo necesito.

              Si yo lo único que hago es mirarme el ombligo, no lo voy a poder mirar a los ojos a ese papá y cuando yo miro a los ojos a ese papá, me dice, “no me abandones”, porque yo estoy igual que tú y te necesito, pero, si a ese “no me abandones” del otro, no le respondo ¿estoy siendo una persona moral?          

            Pueden ver ustedes como el grupo entra a moverse en la dimensión de lo moral y cuando nos movemos en la dimensión de lo moral, la dimensión de lo psicológico queda afuera, no existe, estamos en una dimensión superior, en un plano superior a lo psicológico.

            Después de todo, no somos lo que recibimos de la vida sino lo que devolvemos a ella Y hemos decidido devolver una obra de amor porque en ella está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, los que partieron y los que aún están.

           Estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.

           Nuestros hijos se van dejando tras de sí un mensaje; un mensaje de infinito amor y ese mensaje de infinito amor es lo que nosotros tenemos que dar por ellos.

           Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. 

           Este transitar del ser para sí mismo a un ser para otro, une al hombre con su trascendencia, permite el salto a la trascendencia y lo hace a través de su elección, que, de esta manera, se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.

           Renacer ofrece  el camino para llegar al encuentro con ese otro que reclama ayuda, que sólo un igual puede brindarle, y en el servicio el ser doliente encuentra sentido a su tragedia y merced a este encuentro, ambos, ayudador y ayudado, logran elevar la mirada y dirigirla hacia el mundo, en vez de pensar cada uno en su propio problema, juntos habrán alcanzado la autotrascendencia en su modalidad más noble: por la renuncia a su propio dolor.

           Cuanto más pronto yo  considere qué piensa y siente el otro, mejor me voy a sentir yo. No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a  estar bien, no, no es así,  es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, al renunciar a mi dolor desesperado y es a ese dolor desesperado al que yo renuncio, no a la nostalgia de su ausencia.

 

                                                                     Alica Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                             bertilogoterapia@gmail.com  

 

                                                                         Viernes 27 de septiembre de 2013