Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida y la manera en que la vivimos

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Autor: Alicia Schneider Berti – Gustavo Berti

Como lo hemos dicho tantas veces, se podría ver a Renacer, de dos maneras:

              A)    Se puede ver a Renacer como un lugar a donde los padres van a que les pongan un brazo en el hombro y les digan “Pobrecito. yo también perdí un hijo”. 

           Ahí está latente la figura del intermediario, el intermediario que va tener poder sobre ese papá, porque los papás doloridos y sufrientes muy recientes, son muy susceptibles al control por otras personas, entonces, ahí va a aparecer el maldito enanito del poder y les va a decir: tú tienes que hacer esto o tú tienes que hacer esto otro.

B)    Se puede ver a Renacer como el lugar a donde los padres van a dar

algo en homenaje a sus hijos y lo deciden ellos mismos, entonces, no hay intermediarios, no hay poder sobre los papás, ningún coordinador les va a decir que para estar bien tienen que hacer tal cosa; cada papá va a elegir el propio homenaje y lo va a elegir en libertad.

           Son dos renaceres distintos y nosotros empezamos a preguntarle a la gente ¿a cuál Renacer le gustaría pertenecer?, ¿al primer Renacer, al que vamos para que nos pasen un brazo  por el hombro y nos digan pobrecitos, o hacer de nuestro Renacer un lugar al cual nosotros vamos a hacer algo o a dar algo de nosotros en homenaje a nuestros hijos?

           ¿Nos quedaríamos solamente con el primero?

           Muchas, muchísimas personas empezaron ver a Renacer como un lugar a donde iban a dar algo de ellos mismos en homenaje a sus hijos, entonces, se plantearon de inmediato una pregunta: ¿qué es lo que vamos a dar en homenaje a nuestros hijos?

           Daremos lo mejor de nosotros mismos, pues ¿quién quiere ir a dar llanto, quién quiere ir a dar pena en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar miseria en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar odio en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar bronca en homenaje a un hijo?

           Entonces, nos dimos cuenta que Renacer se había ido transformando, solito, en el segundo Renacer, por propia voluntad de la vida y por propia decisión de los padres.

           Si tuviésemos que elegir uno de los dos ¿cuál de los dos elegimos?

           Esa es la responsabilidad. 

           Desde hace mucho tiempo, decimos que los grupos no pueden imponer valores a los padres, pero nos escuchan hablar de un valor fundamental para todos nosotros, cual es la responsabilidad, la responsabilidad por nuestra propia vida, ustedes podrían decirnos, ¿cómo? nos dicen que los grupos no imponen valores, sin embargo hablan de la responsabilidad en un tono tan enérgico que hasta parece impositivo.  

           Veamos: la responsabilidad tiene la característica de ser un valor neutro, pues todos los hombres somos responsables por lo que hacemos y cada uno, en soledad, es libre de elegir ante quien es responsable, si es responsable ante Jesús, si es responsable ante Mahoma, si es responsable ante Buda, si es responsable ante su hijo, si es responsable ante la sociedad o si es responsable ante sí mismo, pero Renacer jamás le va a decir a un papá  ante quien tiene que ser responsable; hasta ahí llega, jamás hemos impuesto un valor.

           Nos resistimos a que alguien le diga a un papá este libro no se puede leer, porque no estamos de acuerdo con ese libro; no lo vamos a decir nunca, porque Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que cada uno comprenda que vivir su vida, tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

           Y fieles y consecuentes con el pensamiento de Víctor Frankl, hasta ahí llegamos y ahí nos paramos,          

            Entonces, como los grupos no pueden imponer valores, como nadie puede imponerle valores a otro padre, dejemos que cada uno elija esos valores.

           Dentro de un lenguaje común, nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida  y la manera en que la vivimos.

           A partir de ahí, el homenaje al hijo no lo hacemos solamente en Renacer, lo hacemos con nuestra vida diaria, porque si yo voy a salir a la calle, y todos los días de mi vida, voy a dar odio, voy a tener un comportamiento erróneo con la gente, si alguien me pide una mano, yo se la niego, ese también es el homenaje a mi hijo.

           Así para hacerle un homenaje al hijo, no es necesaria la presencia de ninguna persona de ningún papá que esté coordinando un grupo, de ninguna persona que me diga lo que yo tengo que hacer.

           Este es uno de los aspectos más importantes y quizá más olvidados de esta tarea de Ayuda Mutua: los grupos no pueden imponer valores a sus integrantes.

           Cuanto más pueden capacitarlos para reconocer los valores que existen en la vida y acompañarlos en el proceso de elección subsiguiente.

            Y en ese “”acompañarlos””  está implícito el hecho irrefutable que los valores no pueden ser enseñados, sólo pueden ser vividos, de una manera tal, que otros deseen tomarlos como propios.

           Cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, entonces, no hay conflictos interpersonales, ya no tiene porqué molestarme aquella persona, aquel señor o aquella señora que me dice: tú tienes que hacer esto o aquello, porque, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo.

           Eso solucionó dos problemas: por un lado solucionó el problema de cuales eran los homenajes que uno puede hacer a los hijos, absolutamente únicos, absolutamente individuales y, por otro lado, pueden ser hechos sin ser impuestos por ninguna otra persona.

            De esta manera, establecemos las bases que sirven para acá a cincuenta, cien y más  años, cuando ninguno de nosotros estemos.

           Renacer es un movimiento abierto, que se adecua a las necesidades de cada uno de los padres.

           Está en nosotros recibir las herramientas que Renacer nos ofrece, porque cuando nosotros llegamos a Renacer, estamos desorientados, tristes y sin ganas de vivir y lo único que nos quedaba es pensar que queremos partir junto a nuestros hijos, pero resulta que llegamos a esta familia de Renacer y nos dan amor, nos dan un abrazo, nos dicen cosas que nos llegan muy profundo y ahí, sin querer, vamos recibiendo como el carpintero o electricista, las herramientas para trabajar sobre nuestra propia vida, porque el mensaje de Renacer es como el agua mansa que fertiliza los campos y cuanto más pronto el padre trascienda su propio sufrimiento, más pronto logrará tomar responsabilidad por su propia vida y en cuanto cambie su vida, será el resultado de haber aprendido a continuar con firmeza y dignidad en esta empresa de vivir la propia vida, tal y como nos ha sido dada.

           Ya no puedo deslindar responsabilidades en otras personas, entonces, por primera vez, tenemos que asumir la responsabilidad por nuestra vida y tenemos que asumirla y si lo que hacemos no sirve, no es culpa de nuestros hijos, es decisión nuestra, yo he decidido actuar de esta manera, no mi hijo.

           Yo no actúo de determinada manera porque haya perdido un hijo, actúo de esa manera, porque habiendo perdido un hijo, elijo actuar así.

           De esta manera, no se imponen valores y cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo, de acuerdo a los valores que me inspira mi conciencia.

          Renacer es una actitud frente a la vida, en cada momento y en cada una de las actividades que realicemos; si lo que nosotros elegimos para la vida es una actitud de amor, les podemos asegurar que nunca nos vamos a equivocar.

                    

                                             Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                bertilogoterapia@gmail.com 

                                                   Viernes 28 de  junio de 2013