Renacer es esperanza

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Renacer es Esperanza.

     Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial, que puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

    Por qué a mi hijo o mi hija, por qué no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para uno.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta: tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

    Generalmente, cuando se pierde un hijo, en la cultura en que vivimos, se piensa que tenemos más derechos, sin embargo, la realidad es que tenemos más responsabilidades; en primer término, tenemos la responsabilidad de qué hacer de nuestra propia vida, desde ahora hasta el día que, inexorablemente, nos toque partir.

     El Mensaje de Renacer, nos muestra que en ese instante crucial, tenemos que optar entre decirle sí a la vida o dejarnos llevar por las emociones y cerrar puertas y ventanas, tirarse en la cama, no querer trabajar, renunciar a arreglarse, como si estuviéramos muertos en vida.

     Si nos morimos en vida, detrás de la partida de nuestros hijos,  estamos haciendo  de ellos nuestros verdugos, en tanto, el Mensaje de Renacer, nos muestra que es posible un cambio de actitud, asumiendo  una actitud positiva y hacer de nuestros hijos, no ya nuestros verdugos, sino nuestros maestros.

     Siguiendo a Víctor Frankl, que recluido en un campo de concentración, perdió a su esposa, a un hijo en gestación, a su madre, a su padre y a un hermano y sufrió las vejaciones propias del régimen, sin embargo, en base a su fe y su esperanza de vivir, salvó su vida y luego escribió, diciendo que frente a lo que nos sucede en la vida, que  no podemos cambiar, hay algo que sí podemos cambiar, que es nuestra actitud frente a la vida.

     Así es, no podemos cambiar lo que ha sucedido, pero sí podemos cambiar nuestra actitud y en vez de sentir morirnos y andar por este mundo con la cabeza gacha, como juntando moneditas del suelo, andar con la frente en alto, en homenaje a ese hijo y asumir una actitud positiva, producto de nuestro amor hacia ellos.

    ¿Qué es lo que une a una madre o a un padre a su hijo o su hija, sino el amor?

     El Mensaje de Renacer, nos dice: ¿acaso necesitamos de su presencia física,  para seguir amándolos?

     Al nacer, nuestros hijos nos enseñaron una manera distinta de amar; nosotros conocíamos lo que era el amor a la madre, al padre, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, luego al compañero o la compañera, pero cuando ellos llegaron a nuestro hogar, nos enseñaron a amar de una manera distinta de amor, por el cual, estaríamos dispuestos a dar nuestra vida y ahora, al partir, nos enseñan otra manera de amar, un amor incondicional, más sublime que  ni siquiera necesita de su presencia física.         

     Entonces, por ese amor, podemos cambiar de actitud frente a la vida, en homenaje a ese hijo que y podemos hacernos la pregunta ¿cómo habría querido vernos? ¿llenos de angustia? ¿llenos de odio? ¿o llenos de amor?

    Cada uno, en su intimidad, puede responderse esta pregunta.

    A veces, cuando los recordamos, pensamos en ellos como que  están allí donde tuvieron el accidente, o en la cama del sanatorio u hospital, o en el momento que, decidieron, por su cuenta, partir o fueron agredidos… pero ellos no están ahí.

    Ellos están en otro lugar, al que, por nuestras limitaciones físicas, no podemos acceder; según sea nuestra creencia, de a dónde vamos a ir, después de nuestra propia muerte… allí están ellos esperando nuestra llegada.

    La responsabilidad que surge, desde ese momento, hasta el instante de nuestra propia muerte, es la de vivir dignamente, en su homenaje.

    Vivir dignamente en su homenaje, pero también vivir dignamente por nosotros mismos, que lo merecemos y vivir dignamente por quienes nos rodean.

    Por los hermanos, quienes han perdido a un ser tan querido, su compañero de juegos y picardías, muchas veces su compañero de pieza, su mascota o  su modelo, según  la edad.

    Ellos están sufriendo, calladamente, y ven que sus padres, sumidos en su propio dolor, se han  olvidado que ellos existen, entonces, suman a su dolor, el dolor de perder a su mamá y a su papá, que ya no son los mismos.

     ¿Somos las mismas personas antes, que después de la partida de un hijo? No, no somos las mismas personas.

     Si no somos las mismas personas, sólo quedan dos opciones o somos mejores personas o somos peores personas, ¿qué eligen ustedes?

     Es esa la gran opción, que se nos presenta en la vida, frente a lo que sucedió.

      Seguramente, que por el camino de las emociones, encerrándonos en nosotros mismos y renunciando a vivir, no vamos a ser mejores personas, quizá lleguemos a ser un estropajo, lleno de  angustia, de llanto, de bronca, de odio, de resentimiento, que es el camino al que nos llevan las emociones.

     Sin embargo, según nos dice Víctor Frankl, el ser humano, es el único ser del universo, que es capaz  de oponerse a aquello que lo condiciona, de oponerse a sus propias emociones y agrega: nos podrán quitar todo, menos la última de nuestras libertades, que es la libertad de asumir una actitud frente a lo que nos pasa en la vida.

     ¡Sí nos habrá condicionado, la partida de un hijo!

     Sin embargo, tenemos la libertad, que nadie, ni nada nos puede quitar, la libertad de asumir una actitud positiva en homenaje a ese hijo.

     Elisabeth Kübler Ross, que es una científica suizo-norteamericana, que  se dedicaba, en su profesión de médico, a atender enfermos terminales, nos dice, que “aunque parezca extraño, la pérdida de un hijo, puede producir, en los padres un despertar espiritual”.

    Ese es el “despertar espiritual”, al que se refiere el Mensaje de Renacer, cuando nos enfrenta a la opción de ser mejores personas; no mejores personas que los demás, que sería una actitud de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy,

    Entonces, aparece la figura de nuestros hijos, como maestros.

    Su partida nos enseña a no temerle a la muerte, nos enseña a dimensionar el poco valor que tienen las cosas materiales, nos enseña a ser más tolerantes con las cosas que nos pasan a diario, nos enseña a comprender el dolor de los demás, en fin, nos enseña  a ver la vida y la muerte de una manera muy distinta,  a como se la ve, en la  cultura, en la cual estamos inmersos.

    En Renacer, si bien podemos homenajear a nuestros hijos, llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlo, que es con nuestra propia vida.

    Es seguro, que cada uno, en su momento, hemos ofrecido, nuestra propia vida, a cambio de la suya y no nos fue concedido, pero hoy podemos vivirla en su homenaje.

     Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que son hechos que  no podemos cambiar, ahora, podemos, en homenaje a nuestros hijos, cambiar de actitud. Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos, cuando en la cocina nos pasa algo, en homenaje a nuestros hijos podemos cambiar de actitud y en poco tiempo, nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye, en gran medida, ser mejores personas, gracias al homenaje, que le estamos haciendo, calladamente, a nuestro hijo.

     Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil, vivir amargados, desilusionados, llenos de pena y angustia?

     Entre dos cosas difíciles, podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

     La semilla es buena, dependerá de cada uno, que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca, nosotros sólo trasmitimos el mensaje y les podemos asegurar que es posible.

     Todos hemos llegado de la misma manera.

     Llegará un momento, en que la paz interna,  que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros, como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

                                                           Viernes 19 de octubre  de 2018

    Versión extraída de la serie “Buceando en el aljibe” como eiségesis del mensaje de Renacer, por Enrique, Ana Doris  y Ulises con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana junto a Enriquito.

De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

“Por la Esencia de Renacer”