Renacer es un hecho culturalmente revolucionario

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Autor: Alicia Schneider Berti – Gustavo Berti

           Cuando se vive una situación límite, como es el caso de la pérdida de un hijo, acontece un cambio totalmente radical, ya no somos los mismos ni podemos serlo; en esa frontera entre lo cognoscible y aquello que está más allá del límite, el sufrimiento intenso lleva a una situación de aislamiento en la que desaparece el mundo circundante que rodea al ser sufriente y le hace desaparecer no sólo su significado, sino el mundo mismo; situación capaz de hacerle experimentar la nada en su plenitud y hacer desaparecer también toda visión previa del mundo

           Las visiones del mundo adquiridas desde la infancia, a través de diversos procesos educativos tutelares, son difícilmente cuestionadas y su capacidad para regir nuestra interpretación de la realidad, va mucho más allá de lo pensado.  

           De manera consciente o no, el conjunto de modelos que se utiliza, en nuestra vida diaria puede llevar a un paradigma de vida sin sentido ni valores, paradigma que está centrado en el hombre, y ha generado una civilización que prioriza un hombre individualista, despojado de toda orientación hacia algo que no sea sí mismo.

           ¿Qué podemos esperar de un hombre egocéntrico enfrentado a un mundo en el que no puede encontrar valores dignos de ser realizados y en el que el sentido parece ser tan esquivo que algunos ni siquiera insisten en vivir?

           El grupo existencial Renacer para padres que enfrentan la muerte de  hijos, confrontó al modelo imperante hasta ese momento, de acuerdo con el cual la única alternativa que existía para un padre, si necesitaba acompañamiento en ese proceso debía recurrir a quienes tradicionalmente habían “tutelado” dicho proceso, es decir, a los especialistas en las ciencias de la psiquis y los representantes de las diversas religiones.

           Renacer se originó en una decisión moral al descubrir que la vida y las cosas no necesariamente deben ser como se las ve que son y en ese “no necesariamente deben ser como se las ve que parecen ser”, pueden ser mejores.

           La base de los grupos de ayuda mutua es que se constituyen en la búsqueda de nuevos caminos frente a los modelos vigentes, una búsqueda originada al constatar que lo ofrecido por la sociedad formal ortodoxa, no es la solución para sus problemas.

           Planteada la ayuda mutua como un nuevo enfoque, como todo marco conceptual nuevo, tiende a cuestionar las inoperantes estructuras vigentes, con la consecuente reacción de las ya establecidas, de ahí que se hace necesario profundizar acerca del significado de los modelos fundamentalmente en cuanto al obstáculo que pueden representar para esta tarea.

            

          Es a partir de ahí que se presenta “la” oportunidad de toda una vida; en la que se abre  la posibilidad de una nueva visión  y con ella un cambio radical en el “hoy” del ser, en palabras de Heidegger se hace presente la posibilidad de pensar lo no pensado, como un proceso de creación auténtico, yendo más allá de un mero desocultar algo que ha permanecido oculto, si no ir más allá de los límites, más allá inclusive de la misma verdad, vislumbrando así un nuevo mundo generado a partir de esta revolución interior, entonces, también se hacen visibles las grandes resistencias de las estructuras vigentes.         

           Hay hechos que cambian a las personas y la muerte de un hijo es uno de esos hechos.         

           En Renacer vemos a personas que, de acuerdo a muchos estándares, deberían estar destruidas porque han sufrido la tragedia, que representa el peor de los miedos para las personas que tienen hijos, es decir, la realidad de haber perdido un hijo, sin embargo, esas personas se levantan, se hacen solidarias, compasivas y colaboran para que la comunidad en la que viven sea un mejor lugar para vivir.

           A primera vista, pareciera imposible que de un colectivo de personas golpeadas por el destino de forma tal que no encuentran otra alternativa a su tragedia que agruparse con compañeros de ruta, pueda emerger una transformación cultural asentada sobre bases morales y éticas que tuviesen la suficiente fuerza para derramarse sobre una sociedad supuestamente sana y que es la que debería haberse levantado para contener y acoger a quienes transitaban por su hora más oscura, en esa noche negra del alma, pero este supuesto imposible es, en efecto, una realidad que cuestiona severamente a la misma sociedad.

           Esto demuestra, que Renacer como grupo de ayuda mutua de padres que enfrentan la muerte de hijos, es una verdadera revolución cultural, pues cultura es aquello que el hombre es capaz de modificar las cosas y esa capacidad para modificar las cosas, para hacer a las cosas distintas a como son, exige la capacidad de hacerlas mejor de lo que son. 

           Renacer es una Revolución cultural a través del amor, trabajamos siempre con lo más noble del ser humano, el amor compartido, así nunca nos vamos a equivocar.

           Vemos que, a través de una tragedia personal, convertida en un triunfo del espíritu humano, los papás, mamás y hermanos que están en Renacer, producen  profundos cambios culturales en la comunidad en la que les toca vivir.

           Estamos dando un salto cualitativo, que nos lleva a trabajar en el ámbito de lo moral y ser moral , en el fondo, es dar al otro el doble de lo que uno espera de ellos.

           Entonces, en el ámbito de lo moral nos movemos hacia la valoración del otro.

           Al principio la gente está muy apegada a sus propios sentimientos, a sus propias emociones, lo único que interesa es “que yo estoy mal”, “yo extraño a mi hijo”,  “yo quiero a mi hijo y no importa el otro”, sin embargo, no hay salida sin el otro.

           Todos los modelos psicológicos sacando la logoterapia, se basan en la categoría “del antes” y “el después”.

           Si usted va a un psicólogo y le dicen: “yo me siento mal”, le dicen: “a bueno, veamos ¿que le pasó antes?” Entonces, si hoy estoy mal es porque antes me pasó algo malo.

           En Renacer decimos que la dimensión espiritual del hombre es aquella que nos permite trasformar esta tragedia en un triunfo humano, en un triunfo del espíritu humano, entonces, es un mensaje totalmente contradictorio frente al mensaje de todas las ciencias de la psiquis.

           Eso también es una novedad nosotros decimos: no es necesario prestar atención a los sentimientos y a las emociones, son todas negativas, no tengo que perder tiempo preocupándome de como me siento, tengo que utilizar toda mi energía para que el hermano que está sentado frente mío se sienta mejor, es la  verdad contenida el viejo dicho: “aquel que lleva la luz a los demás no puede separarla de sí mismo”.

           Todas estas cosas nos han  llevando por un camino que muy lejos de la psicología, muy lejos del dolor, junto sí al amor; aprovechemos esta oportunidad, porque nunca podemos volver a ser  la misma persona después de perder un hijo.

           Tengamos  la edad que tengamos, se nos presenta una nueva oportunidad en la vida, vamos a ser una nueva persona, la persona que éramos antes ya no somos, haya sido buena, haya sido mala, haya sido perfecta, haya sido como haya sido, ya no somos más, pues tenemos la posibilidad de elegir lo que queremos ser y eso no solamente es un  desafío, sino que es una aventura, como Renacer fue una aventura.

           En esos momentos en que pareciera que ya nada tiene o puede tener sentido, cuando experimentamos nuestra vida como vacía, es justamente entonces que  estos grupos presentan la particularidad de ofrecer una posibilidad de sentido colectivo, es decir trabajo, afecto, creación y capacitación para el grupo y esto puede ser igual para todos los miembros y mantenerse hasta que cada uno de ellos encuentre el sentido único e irrepetible en su propia vida.

           Renacer representa ese espacio de lo inefable de manera colectiva: ahí está para quien quiera asumir el desafío.

           Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos en ese camino entre lo mejor y lo peor, porque podemos decidir, podemos elegir, no somos bebés recién nacidos, comenzamos una nueva vida pero ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decir que es lo que queremos ser, entonces, a través de esa transformación interior, la muerte de un hijo no va a ser en vano, esos hijos van a ser las estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos, son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades y ésta es la más importante de todas

 

                                                                               Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                                       bertilogoterapia@gmail.com 

                                                                                   Viernes 29  de noviembre de 2013